Los ogruimed se habían auto-condenado
a desaparecer. No morir, sino desaparecer. Porque ellos, o lo que
ellos habían sido en el pasado, habían usado a menudo algún
rebuscado truco para volver de la muerte. Tampoco se podía hacer que
fuese como si nunca hubiesen existido. Por varias razones, pero
sobretodo por dos: Primero, el hacer que ellos nunca hubiesen
existido implicaba también hacer no-existir cualquier repercusión
de sus acciones, y realisticamente era rematadamente complejo
recodificar todos los hechos, influenciados por ellos, acaecidos
durante la existencia del tiempo. Y segundo, era necesario
salvaguardar la supervivencia de la agruimed (ya retomaremos este
tema). No es que ellos, cuando eran su teórico inverso, existiesen
desde el nacimiento del tiempo, ni mucho menos. Pero ni siquiera
ellos sabían desde cuando existían, ni tampoco cómo se habían
replicado una y otra vez, durante eones, por diferentes metaversos (y
sus correspondientes lineas temporales), realidades (y sus
correspondientes paradojas realístico-existenciales, y existencias
(y sus correspondientes universos/multiversos). Además, esta
gentucilla tenía cierta tendencia a intentar alterar el pasado,
hasta que algo/alguien muy importante se lo impidió (vosotros, los que
sabéis qué fue ese algo, no sufrais, que eso no se revela en este
relato). Pero ellos siguieron en sus trece, y empezaron a alterar el
pasado, aunque fuese sutilmente, a base de hacer algo que en teoría
sí que estaba permitido: alterar el futuro. No está del todo
demostrado, pero algunos importantes cambios en el futuro pueden
producir pequeños cambios en el pasado, así que Rachel, la
niña-jueza, jueza suprema-existencial en funciones, durante el
meta-juicio acaecido durante el final de la revolución-existencial,
dispuso que el futuro, sí, podía ser cambiado, pero sólo cambiando
el presente (aplicando la segunda meta-ley, a saber: la ley del
mínimo daño). Esta resolución debió de joderles bastante a los
ogruimed, porque eran, en general, seres muy manipuladores. Por muy
apacibles y benébolos ancianos que aparentasen ser, siempre solían
estar conspirando para sacar provecho, y si no, que se lo pregunten
al revolucionario-existencial, considerado en principio
redentor-existencial, que aún está esperando que le devuelvan sus
dones. Oficialmente, Rachel es la que está considerada
redentora-existencial, porque, sin su participación en la última
parte de la revolución-existencial, tú, querido lector, seas quien
seas, hubieses sufrido horribles consecuencias, y también porque,
sin su magnífica actuación, el revolucionario-existencial aún
estaría sufriendo la meta-broma de los quince días (potencialmente
eterna). Así que poca broma: esa niña arriesgó su inocencia y
perdió varios días de clase para que tú aún existas, y deberías
estarle agradecido. Es dificil resumir algo tan complejo, que duró
tan sólo unos meses (por eso se le llama revolución) pero cuyas
implicaciones aún están coleando, y probablemente lo harán durante
toda la eternidad, así que por ahora baste ya para poner al lector
en situación.
Algo puso las cosas algo más fáciles para acabar con
esta nueva amenaza realistico-existencial. El hecho que condenó a
los ogruimed fue directamente propiciado por una nueva vuelta de
tuerca en su tendencia manipuladora: Ponerse a jugar con la realidad.
La agruimed había descubierto hacía algún tiempo uno de esos
extraños lugares (habitualmente desdoblados a partir de algún
planeta con vida evolucionada y un relativo desarrollo de la
conciencia), llenos de mecanismos y máquinas etéricas, que suelen
alimentarse de algún horrible “sanatorio mental” (los locos allí
retenidos proporcionan abundante energía mental que,
convenientemente absorbida, permite que esos cachivaches etéricos
manipulen la realidad). Pero no era el caso del “taller realístico”
descubierto por la agruimed, que se encontraba en el “no-espacio”
entre existencias. ¿De donde sacaban entonces la energía esas
máquinas? Pues de la propia energía realística del que la
manipulaba. En otras palabras: utilizar esos trastos hacía al
operario más y más irreal, hasta el punto de producirse una curiosa
paradoja: la anti-existencia. En principio, aquello no hubiese
supuesto mayor problema. Ellos la cagaron, ellos se volvieron
irreales. (Casi) todos estaban en el ajo, todos se vieron afectados
(es otra paradoja: todos los ogruimed son, en esencia, el mismo ser).
Así que, si eran irreales, hacer efectiva la condena era tan fácil
como meterlos en una de esas celdas para seres irreales, y hacerlos
desaparecer, (negando la existencia de todo lo que hubiese dentro de
la celda). Todo eso está más que inventado, y la policía
existencial (un cuerpo policial muy íntegro, nada que ver con ese
atajo de corruptos y abusones de la autoridad que suelen ser los
policías en la Tierra), que había sido renovada y tenían nuevas
funciones para evitar sobrecargar el sistema judicial existencial, no
tuvo dificultades en resolver ella misma el caso: Ya había una
sentencia en firme que consideraba a los ogruimed responsables de las
acciones incorrectas de su teórico inverso, y ya habían agotado
todas sus oportunidades de seguir existiendo, salvo una. Pero no
debían ser ejecutados, ni siquiera como medida preventiva (para
luego ser resucitados si se demostraba su no responsabilidad), ya que
estaba más que demostrado que esa “raza” (por llamarlos de
alguna manera) utilizaba su teórica muerte para resucitar en algún
escondite remoto y así escapar. Así que esa auto-provocada
irrealidad fue lo que propició que la sentencia de dejar de existir
(aplicando la segunda meta-ley, que es lo único que puede
contradecir la primera meta-ley) fuese tan fácil como apretar un
botón.
¿Qué problema había entonces? Pues
varios: ¿Qué hacer con aquel “taller realístico”? Eso lo
resolvió Amrati, la diosa-absoluta en funciones, quien sacrificó un
poco de voluntad para teleportarlo a un lugar seguro (voluntad que
luego recuperó con creces mediante su técnica secreta, que sólo
ella y John conocen (lo de John es muy llamativo, en menos de un año
había pasado de ser el “alma en pena” de un adolescente, muerto
en un accidente de automóvil, a ser un dios super-meta-barón,
considerado el ser con el poder en bruto más enorme de todos los
tiempos)). ¿Qué hacer con la agruimed? Fue destinada a cierto
cuerpo pseudo-militar semi-secreto, donde aprendió a amar al
prójimo, condición sine qua non para recuperar su humanidad
original (nótese el doble sentido). ¿Qué hacer con el último
ogruimed, el único que no estaba en el ajo? Sobre el secuestro de la
agruimed y su deshumanización no sufrió consecuencias, ya que fue
perdonado por la única afectada. Sobre el compromiso para la
seguridad realística, fue sentenciado a ser considerado el nuevo
Demiurgo (lo que ayudará a que el antiguo, que tenía demasiada
querencia por la Tierra, no vuelva a existir jamás), y a recuperar
su realismo por sus propios medios, cosa no muy dificil, pues amaba a
la agruimed más que a si mismo y, por muy bien que a ella le fuese,
siempre tendería a preocuparse demasiado y, en consecuencia, a
sufrir un poco. Ya se sabe que uno de los medios de adquirir realismo
es el sufrimiento, pero nunca me cansaré de insistir sobre el tema:
El dolor, hasta cierto punto, puede ser necesario (para estimular el
sistema nervioso), pero el sufrimiento exagerado, a
no ser que una muy buena razón haga que valga la pena, es la cosa
más horrible, penosa e inútil que existe.
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