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Mostrando entradas de septiembre, 2017

Sato, el sátiro sádico

        A ella no le desagradaba el hecho concreto de haber pasado de meta-criatura mítica, a ser un “ser onírico”. ¡Si al menos su captor (y actualmente carcelero), fuese apuesto y guapo..! (lo de amable y gentil era ya demasiado pedir). En su meta-realidad no había sido consciente de no ser hiper-real, pero en el onírico acababa siendo dificil abstraerse de esos conceptos... Sí. Es verdad. Las penas meta-reales no son tan penosas. O al menos eso dicen algunos seres hiper-reales muy muy desgraciados. No es mentira que hay melancolías que acaban enquistándose hasta ser una pena orgásmica indefinida. Tampoco es mentira que hay prisioneras que acaban sintiendo algo por el amo de su calabozo...         —¡Mírame! Te he dicho que me mires... ¡Desgraciada! ¿Cómo puedo conseguir que tu metabolismo acelerado no cure, en un solo día, las feas heridas y cardenales que tan cuidadosamente te produzco?    ...

Isidore, the she-egruimed

Los ogruimed se habían auto-condenado a desaparecer. No morir, sino desaparecer. Porque ellos, o lo que ellos habían sido en el pasado, habían usado a menudo algún rebuscado truco para volver de la muerte. Tampoco se podía hacer que fuese como si nunca hubiesen existido. Por varias razones, pero sobretodo por dos: Primero, el hacer que ellos nunca hubiesen existido implicaba también hacer no-existir cualquier repercusión de sus acciones, y realisticamente era rematadamente complejo recodificar todos los hechos, influenciados por ellos, acaecidos durante la existencia del tiempo. Y segundo, era necesario salvaguardar la supervivencia de la agruimed (ya retomaremos este tema). No es que ellos, cuando eran su teórico inverso, existiesen desde el nacimiento del tiempo, ni mucho menos. Pero ni siquiera ellos sabían desde cuando existían, ni tampoco cómo se habían replicado una y otra vez, durante eones, por diferentes metaversos (y sus correspondientes lineas temporal...

Laureen

    “Tras dos noches de sexo onírico, me vendrá bien un poco de distracción mundana.”     Laureen Jones volvía de clase pedaleando por East Shore hacia el norte. Ya oscurecía, y en la cesta de la bici: Un par de libros de texto, su “bloc de notas para todo”, y un cartucho para la Super Famicom , el último JRPG que Tommy había puesto para alquilar. Había sido un día insulso, media mañana rellenando tazas de café, a diez dólares la hora, en la cafetería de Hyde Park y, tras comer de las sobras del establecimiento, tres horas de tediosas clases en la universidad. Pero al ponerse el sol, la gris vida de la joven se volvía pura fantasía, pues era una soñadora intrépida y rara era la noche en la que no conseguía tener sueños lúcidos.     “Esa belleza oriental de ojos almendrados me tiene atrapada. ¿Lograré hoy sonsacarle su nombre?”     La primera noche se conocieron en un parque infantil ruinoso. Era un lugar muy recurrente en sus...