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Mostrando entradas de septiembre, 2024

El Vagabundo y el Horizonte Infinito

  Había caminado por siglos, o tal vez solo un instante. El Vagabundo no podía recordarlo. El tiempo, esa trampa traicionera, se retorcía a su alrededor como un hilo de lana enredado en los dedos de un dios caprichoso. Cada paso parecía llevarlo a un lugar nuevo, pero todo era igual: desiertos vacíos, ruinas de mundos olvidados, biomas que nacían y morían con el parpadeo de sus ojos. A veces creía haber escapado del ciclo, solo para descubrir que estaba atrapado en un loop interminable. Pero aquella noche, algo cambió. El horizonte, siempre inalcanzable, pareció inclinarse hacia él, como si el universo lo invitara a cruzar una última frontera. Un eco resonó en su mente: "El Horizonte Infinito te espera" . No era una voz humana, ni animal. Era más bien una vibración profunda, un lenguaje olvidado que entendía sin palabras. Al acercarse, una figura se alzó entre la niebla: su reflejo, pero invertido. El Vagabundo observó al otro con cautela. Era él, pero no lo era. El rostro, a...

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  Los puretas pensaban que o era Marte o era Venus. Marte parecía viable, pero Bradbury había advertido. Venus nunca fue viable. Era un sueño de cientificistas. La solución estaba fuera de nuestro sistema. Los americans aprovechaban el primero de abril para decir verdades encubiertas. Ya estábamos contactados, pero solo para algunos. Elon se equivocaba. Como siempre. —¡Esta señal es genuina! —dijo ella, con una mezcla de nerviosismo y convicción en la voz. —No, perdona, bonita… Te lo estás creyendo demasiado —respondió él, ajustándose las gafas con manos temblorosas—. No hay otra explicación, o qué, pero viajar a través del espacio profundo es imposible. ¿Qué coño te crees? —No me quiero creer demasiado, pero este ambiente es esquizoide. No puedo ignorarlo. —Ciñete a la señal, y no acabarás mal —dijo, mientras encendía un cigarrillo con manos que empezaban a mostrar la edad. —¡La señal dice cosas que no se explican en el actual paradigma! —Te vamos a poner en contacto con alguien ...

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  —¡Me cago en mi viejo! —Perdónalo porque no sabe lo que dice… —¡Y una mierda! Va, venga, ponme una copa de lo más fuerte que te quede. —Esto va de parte de la casa. Tranquilízate. —Ya, pero es que… —Ni peros ni pollas. O te sientas y te calmas o te echo. Había un tirado. Un hecho polvo. Miraba con ojeras sanguinolientas. Iba a durar poco. —Yo quiero otra. ¡Dame otra! —Tú, a la puta calle a dormirla, si es que no te matan. El acabado se recostó en un banco de la placeta y sacó la bolsa de tranquis. Mientras se tragaba uno con un trago de cerveza barata de medio litro, le pareció verla, pero se creyó que era una muchacha emo. —Ya no merece la pena aguantar mucho más, ¿no crees? —Yo ya no sé qué creer… ¿Tú quién eres? No te he visto nunca por aquí. —No soy amiga. Pero me caes bien. Has llevado una vida digna. Más que la mayoría. —Huele a Nitrato de Chile. Ya veo a mis primos. Casi estoy con ellos. —Te gusta creer en eso y eso es bueno. —No te vayas que me pierdo. —Me voy ...

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       Era muy, muy pequeña. Pero se sentía grande, y lo era. Había quienes la llamaban gnoma, elfita, troll… Cosas así.      Hacía años que sostenía su vegetarianismo. Ni siquiera había dejado el jamón serrano para el final de su transición. Huevos comía, porque era ovípara, pero no huevos cualesquiera. A veces comía pescado azul, pero no salmón. Le decían que no debía ser madre, pero ella no estaba de acuerdo. Sus genes eran tan válidos como los de cualesquiera. Eso pensaba. Le gustaba el rock’n’roll porque gozaba de ese espíritu rebelde. Le gustaba pensar que era bueno no crecer más para que le siguiera quedando bien la ropa que más le gustaba.      Por aquel entonces, el gobierno de su nación aún se debatía entre el concepto de discapacidad y el de diversidad funcional. Ella pensaba que le tendría que dar igual. No cobraba ninguna 'paguita', y las ayudas nunca llegaban. Por aquel entonces ya había renunciado a los cristianitos y a mu...