— … Sí, así fue como un día como hoy, hace casi 300 años, mi vida dio ese giro que enmendó mi futuro hasta hace poco que he vuelto a las estrecheces…
—Aquí tengo una copia del resguardo original, fechado el viernes 3 de julio del 2020.
—Ya veo, ¿y qué fue lo primero que hizo con los 130 millones?
—Reservar una habitación de hotel en una región escandinava donde apenas había llegado aquella penosa pandemia.
—¿Y volar hasta allí?
—No recuerdo si el martes o el miércoles de la siguiente semana. Tuve que pasar una cuarentena, pero mereció la pena... En cuanto estuvo resuelto el tema de los impuestos y tuve el dinero en mi cuenta invertí el 10% en las dos principales cryptomonedas, que por aquel entonces ya estaban emergentes.
—Un gran acierto, sin duda.
—En su momento sí, por supuesto. Eso me permitió llevar una vida de lujo y pagar un tratamiento de longevidad. Mis últimas inversiones no han sido tan afortunadas.
—Claro, pero eso no es eso lo que yo quería saber, usted afirma que tuvo un sueño premonitorio la noche anterior al sorteo.
—Así es.
—¿Cómo fue?
—Esa noche y el día posterior fue la experiencia más impactante de mi vida Incluso más que cuando comprobé que había resultado el único acertante. El sueño se repitió en bucle tres veces, pero cada vez con un final diferente. En los dos primeros acababa muerto, en el tercero entraba en la estafeta de lotería y dejaba que la terminal me eligiese los números al azar. Al día siguiente no recordaba más que detalles fugaces y momentos clave. Quería evitar los tres sueños, no quería arriesgarme a morir por una promesa de riqueza… Pero me sentía predestinado, tenía una fuerte impresión de que hiciese lo que hiciese, estaba repitiendo lo que había soñado, así que vagaba por la ciudad, recordando los sueños conforme los revivía en la vigilia.
—¿Y cómo evitó las muertes?
—La primera era un atropello, lo que hice fue cruzar todas las calles con un cuidado extremo. Llegó un momento en el que vi un semáforo que en el sueño estaba apagado y en aquel momento estaba en rojo, un deportivo pasó a gran velocidad y yo respiré aliviado…
—¿No pensó en usar un vehículo para asegurar?
—En aquel momento estaba casi delirante, no se me ocurrió.
—¿Y la segunda muerte?
—Era un ataque al corazón en un parque fluvial que conocía bien. Simplemente evité acercarme a ese lugar. Hubo un momento en el que sentí una fuerte taquicardia. Por aquel entonces sufría ansiedad ocasionalmente y recordé que en el tercer sueño tomaba un tranquilizante… Dejé disolverse un comprimido debajo de la lengua.
—¿Y después?
—Ya estaba pensando en volver a casa cuando me encontré con la estafeta del sueño y, naturalmente, entré a participar en el sorteo, lo demás ya lo sabéis…
—¿Es consciente de que participar en este experimento es arriesgado? Jugar con el Destino, remover fuerzas metafísicas todavía desconocidas… A nosotros como paracientíficos nos mueve el afán de redescubrir las ciencias ocultas, pero... ¿Usted?
—Reconozco que me he vuelto adicto al dinero. Lo veo como otra oportunidad de forzar un golpe de suerte.
—Procedamos pues. Tómese este comprimido de B6, recordará mejor los sueños.
—Esta máquina no se ha probado con humanos pero creemos que, aparte de inducir el sueño, en personas con una predisposición sobrenatural provoca sueños premonitorios…
. . .
—¿Cómo se encuentra?
—¡Un dolor de cabeza horrible!
—¿Y los sueños, fueron tres, los recuerda?
—Fueron dos. ¡Tenemos que salir de aquí!
—Un resumen rápido, por favor.
—Una llamada, un aviso de bomba, en uno pedían desalojar en 10 minutos, nos poníamos a salvo, en otro en 5, una tremenda explosión…
—¡Mi teléfono está sonando!
—¡Contesta!
—¿Sí? … ¡No puede ser! ¡¿5 minutos para desalojar?!
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