—¡Mamá! El desayuno, por favor... Gracias. ¡Vete! Mike, al habla el menda, ya sabes, ¡el que todo lo podrá! NO me estoy flipando. Ya verás... Eso hay que impedirlo. Si ese protocolo no es mío no será de nadie. Mike, me debes tres dólares... SÍ, tres. Seguro. Compruébalo en tus notas. Corto por ahora. Jos. Soy YO. Me debes tres dólares. Vale. SÓLO una semana. Ok. Hola Rose, te hablo para que me recuerdes que tengo que desviar seis dólares más a la fundación. Que no se te olvide recordarme también que soy el mejor. Gracias (a mí).
Vivimos en la era del código. Nos dicen que todo puede ser reducido a algoritmos, a líneas de programación que determinan lo que vemos, lo que somos y lo que seremos. En medio de esta vorágine, Matrix (1999) se alzó como una especie de evangelio cibernético: una alegoría tecnognóstica donde el mundo que habitamos es una simulación, y solo los "despiertos" pueden ver la verdad que se esconde bajo los píxeles. Pero, ¿qué tipo de "verdad" es esa? El filósofo Gustavo Bueno, en su Crítica de la razón literaria (1996), no analiza Matrix , pero nos da herramientas para desmontar su andamiaje. Bueno distingue entre el discurso literario que se presenta como juego simbólico, el que busca juicio de verdad, y el que se enreda en estructuras mitológicas disfrazadas de profundidad. Es aquí donde Matrix —y tantas obras análogas— quedan al descubierto: como nuevas mitologías adaptadas al siglo XXI. La vieja historia del mundo falso En Matrix , el mundo visible es una ilusión...
Interesante
ResponderEliminar