Su oficio era modelo de televisión. Y su perfil psicológico quizá encajaría mayormente como el de “adonis-narcisista”. Obviamente tenía mucho éxito con cierto tipo de mujeres, sobretodo desde que consiguió que le pasara eso a su miembro viril…
—De acuerdo, de acuerdo. ¿Dónde hay que firmar?
—Aquí, aquí, y aquí. Pero yo de ti me lo pensaría. ¿Seguro que no vas a usar tu propia sangre?
—Y una mierda. La de ese palurdo servirá.
—Pues ya está claro… Mañana empezamos a grabar. No olvides una doble dosis de ese gas.
Salió todo a la primera. Ni una toma de más. Y cuando terminó se quedó a solas con ellas y las observó con cara de pánfilo mientras se frotaba las manos. La malvada que las dominaba observaba la escena con una media sonrisa en el rostro y un brazo apoyado en el marco de la puerta.
—Ya sabéis… TODO lo que yo os diga. ¿Queda claro?
…
—Abriros.
—Tres de ellas piafaron divertidas y salieron de la estancia mientras él las miraba incrédulo. Quedaban dos.
—Vosotras... ¡He dicho que abriros!
Las dos ninfas que quedaban separaron las rodillas y el tipo pestañeó sin dar crédito a lo que veía. Su miembro dejó de estar enhiesto y no pudo volver a prácticar sexo penetrativo durante bastante tiempo. Muchos meses más tarde, todavía no se sabe cómo, logró recuperar aquella condición...
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